Diferencia entre transferencia negativa y odio

Por Leticia Puerto*

A partir de la cita de Eric Laurent en “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”: “La generalización del abordaje del sujeto mediante la forclusión generalizada tiene un precio, que Miller evidenció en su presentación de El ultimísimo Lacan. Este precio es la casi desaparición del término transferencia en los textos de Lacan” [1] comencé a preguntarme qué quería decir esta afirmación. ¿Qué significa pagar el precio de la casi desaparición del término transferencia? ¿Es homologable a pensar la casi desaparición del concepto de la transferencia en la clínica psicoanalítica?

Fernando Molina

Entiendo que no, ya que si fuera así estaríamos ante una verdadera subversión del psicoanálisis mismo y fuera de él. ¿Qué significa entonces eso? Desbrocemos minuciosamente esta cita.

La forclusión generalizada nos coloca en el “todo el mundo es loco, es decir, delirante” [2]; nos orienta en la pista de la psicosis para leer la actualidad de la clínica, nos propone que son las aguas de la psicosis las que debemos navegar para no ahogarnos en el mar de palabras de la neurosis. Esta orientación hacia la psicosis no implica abandonar la transferencia, sino releerla a la luz de nuevas coordenadas clínicas.

Desde sus comienzos, Freud considera que la práctica psicoanalítica se sostiene en transferencia: si hay práctica hay transferencia. Por lo cual, tanto la transferencia positiva -del lado del analista semblante de sujeto supuesto saber-, como la transferencia negativa -en la vertiente del analista sospechado-, promueven un lazo al Otro.

Analicemos ahora la especificidad del fenómeno clínico de la transferencia negativa orientándonos por el planteo de Miller en La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Allí la presenta como resto innominado y precisa que “connota una relación con lo real en la experiencia analítica” [3].

Considero que la transferencia negativa tiene un borde más visible ya que se presenta como obstáculo en la experiencia y me pregunto si es posible pensarla en la clínica como un operador que orienta lo real. Como he señalado anteriormente, la transferencia negativa no es el odio, es la vertiente del analista sospechado, pero dentro de la suposición de un Otro a quien dirigirse. Por el contrario, el odio como pasión, en tanto no está articulado a la experiencia, produce la destitución del Otro y la caída del sujeto supuesto saber.

En el texto mencionado anteriormente, Eric Laurent dice que, “Lacan concluye su formulación de la transferencia en un punto clave. La separación entre la «transferencia negativa» y el odio.” [4] Esta separación resulta crucial para pensar la referencia a la época del Otro roto que propone Eric Laurent en ese mismo texto; mientras que el Otro barrado es un Otro que existe como lugar del significante, el Otro roto cuestiona esa existencia. Se vuelve necesaria una torsión en la clínica para que se constituya un Otro al que se den atributos de saber. Dicha atribución es la que constituye al Otro y, en el mismo acto, la transferencia.

La distinción entre transferencia negativa y odio permite entonces orientarse clínicamente: mientras la transferencia negativa -ligada a la agresividad- supone aún un Otro al que dirigirse, el odio como pasión más radical destituye ese Otro y hace caer el sujeto supuesto saber. Sostener esa diferencia es, en definitiva, lo que hace posible que haya experiencia analítica allí donde el Otro aparece roto.


NOTAS

  1. Lacan, J., (1978), “¡Lacan por Vincennes!”, Revista de la Escuela de Orientación Lacaniana, N° 11, Buenos Aires, Grama, 2011.
  2. Laurent, E., “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, Revista Freudiana, Nº 84, Barcelona 2018.
  3. Ibíd.
  4. Miller, J.-A., “Perturbar la defensa”, La experiencia de lo real en la clínica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2003, p.37.

* Practicante del psicoanálisis en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Terapeura de P.A.U.S.A. [email protected]

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