El soporte de un análisis

Por Nicolas Katzer*

Siempre estuvo en el horizonte de Freud y Lacan pensar epistémica y clínicamente las coordenadas de una praxis propia del psicoanálisis. En este sentido, el Seminario 15 es muy fecundo para pensar la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que hace que un acto se instituya como propiamente psicoanalítico?

Sebastián Porro
Sebastián Porro

Lacan ha intentado formular varias respuestas a lo largo de su enseñanza. Podemos trazar una suerte de abanico conceptual desde el Seminario 10 al 20 donde aparecen figuras teóricas que no son equivalentes, pero que se inscriben a modo de respuesta ante la pregunta sobre el acto del psicoanalista: deseo del analista, acto analítico, discurso analítico, presencia del analista, entre otros. La idea de que no hay sujeto analista, comienza en el seminario 10, se profundiza en el 11, y se formaliza desde un punto de vista lógico en el 17. Habrá objeto, acto, discurso, pero no sujeto ni mucho menos ser del analista.

En ese abanico y bajo este contexto se inscribe entonces en 1967-68 El acto analítico. Allí Lacan dice: “Eso que implica el acto del psicoanalista y que no nombro, pero he esbozado bajo el título de finta, puede devenir olvido. Que el analista finja olvidar que su acto es ser causa de este proceso, es grave […] Es la diferencia entre el hacer y el acto lo que está en juego”[1].

De esta cita se desprende que la causa de un análisis depende de un acto analítico, aunque no todo acto es causa. Lacan desde el Seminario 10 comenzó a referirse a la función del objeto a como la causa del deseo. Articulado al acto analítico, esto aparece formalizado en el piso superior del discurso analítico, tal como lo encontramos en el Seminario 17: a→$. Vemos así que el acto se enmarca entre el concepto de deseo del analista y el de discurso analítico: el acto analítico es la puesta en juego del deseo del analista. Ser la causa del análisis designa la función de soporte del análisis: soportar el análisis o ser el soporte del análisis. De esta manera el acto analítico se instituye también como soporte de la transferencia y, por qué no, de la interpretación. Es decir que el amor de transferencia, el odio en la transferencia, y lo que allí se dice, toma su función por referencia a este acto.

Al decir que “toma su función por referencia a este acto” estamos ya en el orden del semblante y su referencia. Desde este punto de vista, el semblante con el que opera un psicoanalista en la dirección de la cura se encuentra con un anudamiento triple: se trata entonces de un deseo, de un discurso y de una función que se anudan en un acto sin sujeto, pero no sin una táctica, una estrategia, y una política.

Por último, la idea de soporte implica también que se designa algo del orden de lo imposible de soportar, de allí que el analista se horrorice ante su acto como dice Lacan, ya que supone por estructura la castración. El acto analítico entonces toma como referencia al agujero en el saber y la pregunta que se dispara desde ahí: ¿Qué es un psicoanalista? Pregunta que es imposible de responder, y que eso también, hay que soportar.


NOTAS

  1. Lacan, J., (1967-1968), El seminario 15. EL acto psicoanalítico, Paidós, Buenos Aires, 2026, p. 57.

*Responsable local del CID San Luis. Miembro bajo condiciones de la EOL. Docente e investigador de la UNSL. [email protected]

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