Gisela Calderón* Un mundo puede caber en la hoja de papel cuando de escribir se trata. Es una apertura que nos confronta al vacío y, como quien saca al conejo de la galera, las palabras comienzan a brotar -a modo de espiral- manteniendo esa circularidad de la que partió. La escritura conforma una permeabilidad, se hace a trazos y escansiones, que moldean el estilo propio. ¿Para qué un estilo? Diría que es parte de la formación por el esfuerzo que…